jueves, 23 de septiembre de 2010

Cafeína

Sigue lloviendo y tu has salido tarde de casa, caminas, como usualmente, hacia la cafetería que se encuentra a dos cuadras de tu departamento. Llevas el paraguas en una mano, la otra la has metido dentro del bolsillo de tu chamarra; parece ser una tarde común, pero solo dentro de tu rutina, porque dentro de ti ya no existen las mismas emociones rutinarias, ahora tu mente divaga en sensaciones más profundas…
No has podido dormir desde hace más de tres noches… no has comido… no habías podido salir de tu cama, hasta que la necesidad de cafeína se presentó…
Andas lentamente hasta la cafetería, tienes los párpados morados debido a la falta de sueño. Te acercas al mostrador. Pides lo de siempre: café negro… pero ahora no exiges azúcar extra… exiges cafeína extra… La mujer que te atiende te mira como extrañada, es la misma mujer que te ha atendido desde hace ya más de tres meses, te reconoce, no sabe tu nombre pero sabe que eres quien le compra café todas las mañanas antes de salir como bala hacia el trabajo. Tal vez le extraña no haberte visto días antes… Sonríes, escasamente por tu falta de energía, para que deje de mirarte.
“$27”. Dice ella. Y con la mano que has guardado en tu bolsillo todo este rato tomas las moneditas que tintinean dentro de él. Pagas, das la vuelta y te retiras de la cafetería. Caminas por la vereda… pero no dejas de pensar, algo dentro de ti te esta quemando el corazón…
Miles de recuerdos están atormentando tu mente, escuchas su voz, su cálida voz que vuelve a taladrarte los oídos, y si… ahora lloras…
Corres a ponerte los audífonos y enciendes la música, como si fuera la única forma de callar al pasado, pero no puedes hacer nada… sus palabras zumban en tus oídos como abejas molestas…
Algo dentro de ti se esta quebrando… te falta el aire… lloras…
Todos sus versos… sus poemas… sus palabras, se han quedado estancadas en tu mente, y el recuerdo de su mirada, el de sus labios, el de su esencia, el de sus besos… el primer beso… y el último también…
Te sientas en la vereda para calmarte, tomas el café con las dos manos y te llevas el borde del vaso de unicel a los labios. Te quemas, pues lo has bebido muy rápido. Lo pones junto a ti y tomas el paraguas en tu mano. Te has podido calmar… pero sigues recordando… y por un momento vuelves a sentir esos suaves labios sobre los tuyos… logras sonreír… pero… abres los ojos y la sensación desaparece. Te aprietas los labios entre si para luego echar un suspiro hondo con los ojos húmedos… te llevas las dos manos a los ojos, como si intentaras evitar que salieran las lágrimas. Sientes como si te presionaran el pecho con fuerza, te ahogas en tu propio llanto y suspiras de nuevo.
Ya no puedes arreglar lo que se arruinó… perdiste tu mundo entero en ese amor sincero… tal vez no te hayas dado cuenta pero… te enamoraste.