lunes, 18 de octubre de 2010

El vendedor de rosas

Este es otro año más para un pobre vendedor de rosas a quien la suerte le dejó desde hace mucho tiempo atrás.
Diario salía a vender, pero casi nada vendía. Su único amigo que le quedaba era un joven can quien todos los días lo acompañaba a vender las rosas de su viejo rosal.
Vivía en la miseria y si rara era la ocasión en la que comía un pan duro y viejo; que lo compartía con el pequeño can, quien era su buen compañero
Y así pasaban los días ... uno tras otro.
El vendedor de rosas anhelaba el día en el que sus problemas se acabaran ... eso soñaba y eso deseaba.
Pero un 28 de octubre algo inusual en su vida pasaría, en este pobre vendedor de rosas.
Acompañado de su can fue a donde siempre va ha vender sus rosas. Se sentó en la acera fría y mojada, poniendo las rosas al lado de él y subiendo a su can en su pies.
De pronto un señor de billete y de buen vestir, se le acercó al vendedor de rosas, miró la mercancía y se le quedó viendo al pequeño can.
Se mostró interesado por el pequeño animal y sin pensarlo le dijo al vendedor de rosas que le pagaría bien por su pequeño can. Le comentó que era para su hija.
Pero sin pensarlo el vendedor de rosas rechazó la proposición . Así que el señor postró frente al vendedor un fajo de billetes, logrando cambiar la decisión que ya había tomado. – Mi vida cambiará y viviré mejor ... por fin seré feliz – el vendedor pensó.
Aceptó los billetes y entregó a su can, quien no opuso resistencia hasta que vio que se alejaba de su buen amigo.
Cuando el vendedor tenía los billetes contados, ya había planeado el uso de esos billetes ... – compraría algo de comida, compraría ropa y compraría un amplio cobertor para que durmiera bien este invierno al lado de mi pequeño can ...
Volvió de su fantasía para abrazar a su querido amigo, pero no lo encontró ... enseguida recordó lo que pasó ... acababa de vender a su único amigo por unos cuantos billetes que tarde o temprano se le van a acabar.
Rápido se levantó y buscó alguna señal del comprador, quería retractarse pero yo no lo encontró.
Y a partir de ese día, 28 de octubre, hay un vendedor de rosas postrado en la acera fría vendiendo rosas de su viejo rosal. Con un fajo de billetes en su mano que recibió aquella vez ... esperando encontrar al mismo señor de esa ocasión, para regresarle su dinero y recibir su can otra vez, su único amigo ...
“Para ser feliz en esta vida,
no se necesita un buen billete ...
sólo se requiere a un buen amigo
en las buenas y en las malas.”

sábado, 2 de octubre de 2010

Azul

Estoy parado en una roca, en medio de un mar calmo. Llevo años viviendo en el peñasco, isla diminuta que representa mi vida. Las borrascas son constantes. De noche, los nubarrones ocultan luna y estrellas. La oscuridad cubre con un velo negro todo el ámbito que me rodea. Los días suelen ser grises. La constantes ventiscas arremolinan nubes bajas y amenazantes en torno a la peña y las marejadas saturan de agua salada todo mi entorno.

Hoy es un día especial. Las trombas se han alejado. Las nubes se retiraron por completo. El amanecer anuncia un día radiante. Natura me regala de vez en cuando un descanso como el anunciado ahora.

La línea del horizonte que elegí ver de frente tiene una hermosa y delgada franja azul claro, que se agranda por momentos hacia arriba, perdiendo claridad en favor de un azul cada vez más profundo que a mis espaldas luce aún estrellas temblorosas ante una luz que las hará invisibles.

El mar, en absoluta clama, tiene un color azul verdoso, muy oscuro. Tal vez el azul verdoso sólo lo imagine.

De pronto una ligerísima brisa, traviesa, juguetona, alborota mi pelo. La siento acariciar mi rostro, ahora seco. Mis ensoñaciones me llevan a buscar en el horizonte una isla que me acompañe en la búsqueda de caminos que me lleven a las cumbres montañosas en las que nací y pasé mi juventud.

Giro lentamente y no atisbo tierra alguna. Regreso del ensueño y noto que la franja azul claro ha ganado todo el aire sobre mi. Ahora sí estoy seguro que el mar se ve azul, todavía azul intenso y oscuro, pero la irregularidades que sobre él causa la danzante brisa que parece aquietarse reflejan ya la caridad del cielo. Destellos celestes se observan por doquier.

Empuño el remo con que bato las aguas tormentosas desde hace tiempo, pero no me atrevo a remover la superficie de ese mar que ahora ya parece espejo, pues la brisa ha dejado de jugar. Mi piedra negra contrasta con el azul del mar y del firmamento.

¿De qué color son ahora mis sentimientos? La paz que se ha filtrado en mi espíritu durará poco. Sé que pronto se borrará el color que ahora me rodea y los vientos y las olas me obligarán a remar para no morir ahogado.

Pero hoy todo mi ser absorberá el color del cielo y del mar calmo que me cobijan bondadosos.