lunes, 24 de mayo de 2010

El autobús 57

Jack terminaba su rutina diaria después de las 12:35, miro su reloj; 1: 30 de la madrugada, seguramente su autobús normal acababa de marcharse… Decidió no apresurarse ya que al llegar a su apartamento nadie lo estaría esperando, y era prácticamente sábado por la madrugada así que no tenía porque preocuparse. Llegó a la parada del autobús esperando inútilmente por algún conductor que siguiera en movimiento a tales horas de la noche.
Después de varios minutos de espera se sentó en la banca de frío acero inoxidable de la parada y encendió su reproductor, se puso un auricular en el oído izquierdo pero mientras terminaba de escuchar una de sus canciones favoritas sintió un escalofrió en el cuello que luego recorrió su columna, era como si el frío viento de diciembre se materializara en una mano y cruzara en sí toda la espalda de Jack. El joven saltó desconcertado de la banca y analizó lo que había ocurrido, se dio cuenta de que llevaba una chaqueta muy gruesa y prácticamente era imposible que esa clase de viento la atravesara, además de que faltaban más de 3 meses para que llegara diciembre…
Pensó que tal vez había sido producto de su imaginación, puesto que había tomado dos tazas grandes de café antes de salir y era muy sensible respecto a la cafeína; se pudo tranquilizar un poco y suspiró; en ese instante escuchó su mismo suspiro en tono de eco, proveniente de una voz hueca y de ultratumba, Jack se sobresaltó y miró hacia atrás un poco nervioso; no encontró nada fuera de lo ordinario, lo que lo puso aun más nervioso. El joven tomo su reproductor pero esta vez uso los dos auriculares y elevo el volumen hasta lo más alto para ignorar los sonidos de aquella noche oscura y penetrante.
Volvió a relajarse e inspiró; pero de nuevo al terminar el suspiro escuchó la misma voz hueca, pero esta parecía burlarse, a Jack se le dilataron las pupilas y comenzó a sudar frío…
El muchacho se levantó en un brinco y su respiración se aceleró, caminó en reversa hacia la calle desierta hasta que escuchó el motor de un autobús a toda velocidad casi a punto de arrollarlo, se levantó rápidamente y brincó hacia la acera esperando que el terror terminara; pero estaba muy lejos de darse ese lujo…
El autobús se detuvo frente a la parada, con Jack echado en la acera, más su acelerada respiración, se abrió la puerta para que pudiera subir, el joven aturdido levantó la vista; autobús 57. Nunca había escuchado que alguien conocido hubiera tomado ese autobús antes. “Tal vez sólo viaja a estas horas”.- pensó Jack. Se levantó de la acera mientras quitaba el polvo de sus pantalones y tomó el cambio del bolsillo. Subió rápidamente las escalerillas, como tratando de abandonar para siempre aquella pesadilla. Puso las monedas en el tablero de transporte y fue a sentarse hasta la última fila de asientos, miró hacia la oscura parada; una sombra le sonreía burlonamente, se giro asustado y cerró los ojos: El autobús avanzó lentamente, lo que le dio a Jack un momento para respirar sin volver escuchar aquella voz hueca; sólo había 5 pasajeros en el autobús; una joven pareja de novios, un hombre de lentes bien vestido y con el cabello enmarañado, una joven estudiante con los libros en el regazo y el conductor, un hombre gordo y de aspecto repulsivo, con los dientes amarillos, y los ojos rojos como drogado. De repente el autobús aceleró bruscamente, provocando que Jack se golpeara con la ventanilla, en ese instante entró una ráfaga de viento que recorrió su espalda y como la vez anterior esto aterrorizó al joven, aun más cuando notó que había sido el único en sentirla. Decidió descansar un momento; puso la mochila detrás de su cabeza y cerró los ojos. Jack puso relajarse un buen rato, hasta que sintió un fuerte golpe en la nuca que lo despertó al instante y lo hizo caer del asiento, pero nadie pareciese haber notado su presencia, se levantó un poco molesto por la imprudencia del conductor y volvió a sentarse pero antes de pegar la cabeza sobre su mochila escucho una campanada; el hombre de lentes y traje se había levantado de su lugar para bajar en la siguiente parada pero parecía que el conductor no lo había escuchado y aceleró al máximo, provocando que los pasajeros se golpearan o cayeran al suelo fuertemente. Jack se levantó del asiento y fue corriendo hacia el conductor para calmarlo; reía frenéticamente, y movía el volante de un lado hacia otro con histeria. El joven intentó tocarlo pero pareciese que el hombre fuese un holograma; Jack se desconcertó en un segundo que no mantuvo los pies firmes; mientras el loco conductor movía de nuevo frenéticamente el volante el joven perdió el equilibrio y fue a dar bajo las escalerillas entre la puerta; como era de suponerse todos los pasajeros portaban heridas graves y profundas en la cabeza, sangre en el cuerpo y sin fuerzas; fue entonces cuando el joven que acompañaba a su novia salió por el parabrisas: la joven grito histéricamente y golpeó al conductor en la cabeza, el hombre estaba ebrio y golpeó a la joven a los pies de Jack, que desfalleció después de esto. El autobús seguía dando vueltas incontrolablemente sobre la calle, hasta que fue a parar contra un poste eléctrico, y al dar la vuelta la puerta se abrió dejando salir el cuerpo desfallecido de Jack. Difícilmente el joven volvió a recobrar la conciencia, adolorido y con dos costillas rotas se pudo poner en pie, miró a su alrededor; simple obscuridad. Se giró y encontró al autobús 57 estampado y totalmente destrozado del frente contra el poste eléctrico; había sangre salpicada en las ventanillas. Al joven se le revolvió el estomago, apenas pudo asomarse por la puerta de entrada y encontrar al conductor ebrio mirándolo fijamente; con el alma ida y el cráneo descubierto. Jack se aterrorizó y cayó al suelo, se arrastró en reversa y quiso correr. Con el miedo recorriendo su ser no pudo más que aguantar el dolor en sus costillas y apresurarse a encontrar señales de vida en aquella desértica zona; pudo distinguir luz al final de un camino, lo siguió sin dudar y encontró la terminal de autobuses; ensangrentado y con poca energía, se acercó a la recepcionista que lo miro atónita y lo ayudo a sentarse en un banco. A duras penas pudo contarle lo que había sucedido y después de ello a la recepcionista se le dilataron las pupilas de terror. La joven atónita temblorosamente le dijo que aquel autobús que había tomado, ya no existía, había chocado 10 años atrás en un accidente como el que describía Jack… El joven se quedó en shock, pasaron varios meses sin que se recuperara del susto… y se dice que un año después, mientras Jack se encontraba en su lecho de muerte, debido a calmantes que le estaban destruyendo el cerebro, lo último que se pudo escuchar de su boca fue: “No tomen el autobús 57…no lo tomen…” y después de ello… la risa frenética del conductor del autobús 57…

martes, 11 de mayo de 2010

El viaje

Esta historia relata acerca del día en que fui al bosque, recuerdo que una noche antes tenía todo listo para este viaje. Así que me fui a la cama temprano porque no quería perderme de esta aventura tan especial, era especial porque le propondría matrimonio a mi novia.
Programé la alarma a las 5 am. porque de acuerdo con mis planes debía recogerla a las 6 am. en su casa.
Durante la noche una gran tormenta acechó la ciudad, había muchos relámpagos y repentinamente comenzó a llover y llover; cuando los relámpagos desaparecieron me quedé profundamente dormido.
Al siguiente día cuando desperté, mis ojos no podían creer lo que veían; un hermoso y soleado día.
Mi corazón comenzó a latir como un tambor porque me percaté que había perdido mi viaje. Traté de llamar a mi novia pero... era muy tarde ella ya se había ido y yo seguía aquí.

viernes, 7 de mayo de 2010

Luna de Cheshire!

... De su cuerpo enardecido exigía salir una llama llena de pasión. Subió al ático donde se encontraba la razón de su vida, el pobre joven confundido llenó de ternura sus ojos y los profundizó con un dulce toque de inocencia. No dejaría que se escapara, estaba decidida, y así, llena y deseosa le pidió que la acompañara hacia el rincón donde dormía, donde la paja se extendía graciosamente y los invitaba a ambos a posar su amor sobre ella. Él jamás sabría por qué, la muchacha se comportaba así.
Preguntó con inocencia que era lo que pasaba con el cuerpo de su acompañante, pero ella sólo suspiró y se llevó los labios del joven a los suyos; así él sintió el deseo de engancharse a ella, aunque en realidad no entendía lo que pasaba, sentía como la sangre corría hasta sus mejillas y como sus brazos recorrían tiernamente el cuerpo de la muchacha sin que el sintiera ganas de apartarse de ella...nunca.
Esa noche ambos sintieron el paraíso en la punta de sus labios, ambos habían esperado ese momento desde antes de conocerse, en especial él. Fue en ese pequeño instante de deseo en el que el joven se perdió en la esencia de la muchacha, lleno de emociones, y dejando caer dos pequeñas lágrimas, comenzó a sentir un tierno cosquilleo dentro de él y por muy inútil que pareciese intento de contenerse; simplemente por miedo…miedo de aquellas emociones que perturbaban su mente… dejó caer una de sus lagrimas hasta llegar a rozar delicadamente los labios de la joven. Se perdió en sus ojos; ojos que lo incitaron aun mas a poseerla para jamás dejarla ir… aunque al mismo tiempo las ganas de salir corriendo por miedo a seguir con esa agonía de sentimientos, se intensificaban pero…él quería seguir ahí, estaba siendo invitando a quedarse a contemplar la luna de Cheshire junto con su amada agonía.
Era él la única excepción para la muchacha, y ella para él la única razón por la que el destino no lo dejó desaparecer. Dentro de sí Audrey supo que era por él por quien el deseo la había atraído hasta allí, y sabía bien que los impulsos, la pasión y el amor incontrolables que ella sentía hacia él jamás se irían, pues el joven podía llevarla el cielo en una cadena con sólo una mirada llena de inocencia. Y no hacían falta palabras para describir lo que la joven sentía.
Era por el muchacho por el que el tiempo cambió de ritmo, los latidos de su corazón se fueron haciendo escasos, más lentos, y en cada uno de ellos botaba una lágrima de alegría...y a pesar de desconocer el término de sus emociones, o el simple hecho de saber que ocurría con el brillo de sus ojos y las mariposas saltando en su interior...el inocente se dio cuenta de lo que pasaba...enhorabuena...Jack Alderbine se había enamorado...