Jack terminaba su rutina diaria después de las 12:35, miro su reloj; 1: 30 de la madrugada, seguramente su autobús normal acababa de marcharse… Decidió no apresurarse ya que al llegar a su apartamento nadie lo estaría esperando, y era prácticamente sábado por la madrugada así que no tenía porque preocuparse. Llegó a la parada del autobús esperando inútilmente por algún conductor que siguiera en movimiento a tales horas de la noche.
Después de varios minutos de espera se sentó en la banca de frío acero inoxidable de la parada y encendió su reproductor, se puso un auricular en el oído izquierdo pero mientras terminaba de escuchar una de sus canciones favoritas sintió un escalofrió en el cuello que luego recorrió su columna, era como si el frío viento de diciembre se materializara en una mano y cruzara en sí toda la espalda de Jack. El joven saltó desconcertado de la banca y analizó lo que había ocurrido, se dio cuenta de que llevaba una chaqueta muy gruesa y prácticamente era imposible que esa clase de viento la atravesara, además de que faltaban más de 3 meses para que llegara diciembre…
Pensó que tal vez había sido producto de su imaginación, puesto que había tomado dos tazas grandes de café antes de salir y era muy sensible respecto a la cafeína; se pudo tranquilizar un poco y suspiró; en ese instante escuchó su mismo suspiro en tono de eco, proveniente de una voz hueca y de ultratumba, Jack se sobresaltó y miró hacia atrás un poco nervioso; no encontró nada fuera de lo ordinario, lo que lo puso aun más nervioso. El joven tomo su reproductor pero esta vez uso los dos auriculares y elevo el volumen hasta lo más alto para ignorar los sonidos de aquella noche oscura y penetrante.
Volvió a relajarse e inspiró; pero de nuevo al terminar el suspiro escuchó la misma voz hueca, pero esta parecía burlarse, a Jack se le dilataron las pupilas y comenzó a sudar frío…
El muchacho se levantó en un brinco y su respiración se aceleró, caminó en reversa hacia la calle desierta hasta que escuchó el motor de un autobús a toda velocidad casi a punto de arrollarlo, se levantó rápidamente y brincó hacia la acera esperando que el terror terminara; pero estaba muy lejos de darse ese lujo…
El autobús se detuvo frente a la parada, con Jack echado en la acera, más su acelerada respiración, se abrió la puerta para que pudiera subir, el joven aturdido levantó la vista; autobús 57. Nunca había escuchado que alguien conocido hubiera tomado ese autobús antes. “Tal vez sólo viaja a estas horas”.- pensó Jack. Se levantó de la acera mientras quitaba el polvo de sus pantalones y tomó el cambio del bolsillo. Subió rápidamente las escalerillas, como tratando de abandonar para siempre aquella pesadilla. Puso las monedas en el tablero de transporte y fue a sentarse hasta la última fila de asientos, miró hacia la oscura parada; una sombra le sonreía burlonamente, se giro asustado y cerró los ojos: El autobús avanzó lentamente, lo que le dio a Jack un momento para respirar sin volver escuchar aquella voz hueca; sólo había 5 pasajeros en el autobús; una joven pareja de novios, un hombre de lentes bien vestido y con el cabello enmarañado, una joven estudiante con los libros en el regazo y el conductor, un hombre gordo y de aspecto repulsivo, con los dientes amarillos, y los ojos rojos como drogado. De repente el autobús aceleró bruscamente, provocando que Jack se golpeara con la ventanilla, en ese instante entró una ráfaga de viento que recorrió su espalda y como la vez anterior esto aterrorizó al joven, aun más cuando notó que había sido el único en sentirla. Decidió descansar un momento; puso la mochila detrás de su cabeza y cerró los ojos. Jack puso relajarse un buen rato, hasta que sintió un fuerte golpe en la nuca que lo despertó al instante y lo hizo caer del asiento, pero nadie pareciese haber notado su presencia, se levantó un poco molesto por la imprudencia del conductor y volvió a sentarse pero antes de pegar la cabeza sobre su mochila escucho una campanada; el hombre de lentes y traje se había levantado de su lugar para bajar en la siguiente parada pero parecía que el conductor no lo había escuchado y aceleró al máximo, provocando que los pasajeros se golpearan o cayeran al suelo fuertemente. Jack se levantó del asiento y fue corriendo hacia el conductor para calmarlo; reía frenéticamente, y movía el volante de un lado hacia otro con histeria. El joven intentó tocarlo pero pareciese que el hombre fuese un holograma; Jack se desconcertó en un segundo que no mantuvo los pies firmes; mientras el loco conductor movía de nuevo frenéticamente el volante el joven perdió el equilibrio y fue a dar bajo las escalerillas entre la puerta; como era de suponerse todos los pasajeros portaban heridas graves y profundas en la cabeza, sangre en el cuerpo y sin fuerzas; fue entonces cuando el joven que acompañaba a su novia salió por el parabrisas: la joven grito histéricamente y golpeó al conductor en la cabeza, el hombre estaba ebrio y golpeó a la joven a los pies de Jack, que desfalleció después de esto. El autobús seguía dando vueltas incontrolablemente sobre la calle, hasta que fue a parar contra un poste eléctrico, y al dar la vuelta la puerta se abrió dejando salir el cuerpo desfallecido de Jack. Difícilmente el joven volvió a recobrar la conciencia, adolorido y con dos costillas rotas se pudo poner en pie, miró a su alrededor; simple obscuridad. Se giró y encontró al autobús 57 estampado y totalmente destrozado del frente contra el poste eléctrico; había sangre salpicada en las ventanillas. Al joven se le revolvió el estomago, apenas pudo asomarse por la puerta de entrada y encontrar al conductor ebrio mirándolo fijamente; con el alma ida y el cráneo descubierto. Jack se aterrorizó y cayó al suelo, se arrastró en reversa y quiso correr. Con el miedo recorriendo su ser no pudo más que aguantar el dolor en sus costillas y apresurarse a encontrar señales de vida en aquella desértica zona; pudo distinguir luz al final de un camino, lo siguió sin dudar y encontró la terminal de autobuses; ensangrentado y con poca energía, se acercó a la recepcionista que lo miro atónita y lo ayudo a sentarse en un banco. A duras penas pudo contarle lo que había sucedido y después de ello a la recepcionista se le dilataron las pupilas de terror. La joven atónita temblorosamente le dijo que aquel autobús que había tomado, ya no existía, había chocado 10 años atrás en un accidente como el que describía Jack… El joven se quedó en shock, pasaron varios meses sin que se recuperara del susto… y se dice que un año después, mientras Jack se encontraba en su lecho de muerte, debido a calmantes que le estaban destruyendo el cerebro, lo último que se pudo escuchar de su boca fue: “No tomen el autobús 57…no lo tomen…” y después de ello… la risa frenética del conductor del autobús 57…
1 comentario:
Buen cuento ¡Felicidades!
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